Las cosas comienzan a precipitarse casi sin darte cuenta, y de pronto un sábado tal como hoy te levantas resacoso después de haberte bebido hasta el agua de los floreros en el Evento de Inauguración de tu empresa (cosa que por otro lado, merecías disfrutar como nadie porque te lo has currado un huevo), desayunas, mantienes una conversación pseudo-paranoide con tu vecino de abajo que te cuenta sus crisis de ansiedad psicóticas y sus problemas con la impermeabilización del voladizo de tu terraza sobre su balcón, te pones la camiseta de la Selección, las zapatillas, el chandal, bajas a la calle, te lías, te lías, y acabas en una inmobiliaria del barrio concertando tres visitas para el martes siguiente con la sana intención de mandar a tomar por culo el alquiler para, en vez de casarte con tu novia, hacerlo con el banco y sin tener dote que llevarle.
Tomas aire. Respiras. Te comes un bocadillo de tortilla de patata con cebolla y una Coca-Cola™ en cualquier bar. Dejas a tu novia en el curro y ¡¡¡splash!!! Te zambulles de pleno en el Mundo Real ™ y por tu cabeza vienen y van campando a sus anchas subidas de los tipos de interés, futuros reajustes presupuestarios en la economía casera, comunicados del Banco Central Europeo subiendo un cuartito de punto el valor del Euro… En fin, que te das cuenta de que es posible que el martes una de esas tres visitas pueda llegar a ser tu futura vivienda de los próximos diez o doce años, comienzas a pensar en negociar con el Banco una posible hipoteca que te resulte lo menos traumática posible, que tendrás que pintar, que tendrás que hacer mudanza, que perderás muchas horas de sueño, que tendrás estrés, que se acabarán los caprichos, que el iMac que ya estaba algo más cerca se aleja hasta casi perderse en el horizonte… Y yo qué sé cuántas otras cosas más…
Pero al menos me quedará el consuelo de dejar de subir escaleras (espero).
¡Qué bonita es la Vida™! <sarcasmo> ¿A que sí? </sarcasmo>
Yo antes no era así. Pero desde que me junto con el contable, ahora tomo café con leche y cacahuetes para almorzar.
Ufff. La cosa parece que está muy malita. Y no tiene pinta de cambiar a mejor. A peor, puede, pero a mejor…
Está de moda que en las series de éxito algún episodio sea dirigido por algún director de cine importante. Ya sucedió con CSI y Quentin Tarantino. Y parece que es un pequeño filón que las productoras norteamericanas están dispuestas a exprimir.
Todos sabéis quién es House, M.D. Pero no todos saben quién es Juan José Campanella. Pues bien, ya va siendo hora de que lo descubráis. Porque esta noche, Cuatro va a emitir el capítulo 3.12, Un día, una habitación, de la mano de este director argentino que magistralmente filmó Vientos de Agua, y que consiguió récord de audiencia en los E.E.U.U
Sinopsis
Mientras House se ve forzado a trabajar a tiempo completo en el hospital pasando consulta a pacientes, debe enfrentarse al caso de una joven víctima de una violación que insiste en confiar en él. Sólo está dispuesta a que House lleve su caso. En un principio, él se negará a tratarla, pero después se verá envuelto y muy implicado en el caso de la joven. Por otro lado, Cameron se encarga de un paciente con cáncer terminal que intenta aprovechar el estado de ánimo de la doctora.
Cuanto más conozco a los hombres, menos los quiero; si pudiera decir otro tanto de las mujeres me iría mucho mejor.Lord Byron (1788~1824)